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Agua, sequía y corrupción en la Guajira

¿Hasta cuándo Señor, hasta cuándo?

 

Desde hace ya varios años la Guajira se encuentra en una situación de profunda crisis hídrica especialmente en las zonas Alta y Media.

Clasificado como el cuarto departamento más pobre de Colombia, que cuenta con la más baja cobertura de agua para el consumo humano, es común tropezarse con acueductos que no funcionan, pozos secos o con agua salobre, hospitales que al estar dominados por cuotas políticas, trabajan a media marcha, puestos de salud dejados “a la buena de Dios”…

Puede parecer reiterativo el insistir en que debe haber una adecuada infraestructura para la provisión de agua potable en la Guajira, lo cierto es que actualmente el acceso a fuentes de agua potable y segura, como también el saneamiento, son un derecho humano esencial para el goce pleno de la vida, que repercute directamente en la buena nutrición, hidratación y prevención de las enfermedades evitables.

En la Guajira, el 90% de las niñas, niños y adolescentes tienen tal derecho vulnerado, con el agravante que por razones culturales esta es la población que se encarga mayoritariamente de acarrear la poca agua disponible en las inmediaciones. Esta situación de escases de agua se profundiza en los períodos de sequía.

Si bien la problemática del agua potable en esta región no es nueva, los diferentes gobiernos que han pasado no han resuelto este flagelo.

En su plan “Guajira Azul”, el gobierno de Iván Duque se comprometió en proveer al 100% de agua potable a estas comunidades. Y si bien es necesario, por la envergadura del emprendimiento que este proyecto solo concluya en el 2024, consideramos que se debería implementar alguna estrategia simultánea de solución provisoria al problema. Los lugareños no pueden esperar 5 años para la regularización de tan apremiante situación, principalmente porque mueren unos 300 niños por año a consecuencia de la carencia de agua. A ello se debería agregar la agravante del calentamiento global que agudiza la escases de lluvias, destruye los cultivos y dificulta enormemente la provisión de alimentos destinados a la autoconservación de las comunidades del norte del país.

Cabe igualmente destacar que la ausencia de agua para el consumo, es consecuencia de las deterioradas conexiones de los ductos por donde pasa el agua, observándose tramos en muy mal estado y roturas sucesivas a lo largo de su traza que traen consigo el derrame y la contaminación del agua.

Estos datos y acontecimientos son aún desconocidos por la mayoría de los ciudadanos de las grandes urbes, quienes sienten muy lejana dicha problemática y se dejan influenciar por las noticias fatalistas de los medios de comunicación que solo hablan de la desnutrición por ausencia de alimentos a causa de las sucesivas sequías, a las enfermedades colaterales producto de esa falta de alimentos y a otro grupo de enfermedades derivadas de la deshidratación por ausencia de agua apta para el consumo humano.

María Tegui y Julián Rouvier

Fundación Manos Limpias

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