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Fundación Manos Limpias

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La herida intacta, ecos y huellas de los líderes sociales

El muerto apareció en una tienda del corregimiento del Carmelo, en el municipio de Cajibío, departamento del Cauca, vestía camisa blanca de manga larga y pantalón negro; su nombre, Uriel Rodríguez, asesinado el 7 de agosto del año 2018, precisamente el día y el año en que se posesionó el presidente de la república de Colombia, el Dr. Iván Duque Márquez. Ese nombre, el de Uriel Rodríguez, jamás se olvidará en las montañas de Cajibío, y los niños que estaban presentes en esa tienda, al momento del asesinato, aún recuerdan a ese padre de familia, a ese hombre que un día le apostó a la movilización social, en defensa de la paz, de la vida y el territorio. Los inquilinos de esa tienda, aquellos que visionaron lo inenarrable, ahora son ángeles que han perdido sus alas, niños como albatros dando tumbos por los pasillos sin lenguaje, porque un día llegó la muerte y les arrancó los ojos y los echó a volar, insomnes como párpados por las ventanas. Esta es mi revelación susurra Uriel Rodriguez, grupos paramilitares me asesinaron, aunque el general, Jorge Romero, comandante de la tercera división del ejército niegue los hechos. No importa, no dejaremos de hacer testamentos para los tesoros del corazón y portaremos lámparas encantadas que conducirán al cementerio el cuerpo de Uriel Rodríguez, líder asesinado en la era de la economía naranja.

Holmes Alberto Niscue, sintió como una tormenta de verano se abatió sobre su cuerpo, tres disparos le quitaron la vida, en una noche de domingo, engalanado casi como su padre, el bravo pueblo Nasa, montado en su caballo con la soltura de los dioses. Su única arma, la palabra. Si una noche cualquiera me encuentran muerto en una calle con la boca llena de insectos, recuerden que fueron los infieles que silenciaron mi vida. La vida de Holmes Alberto, un indígena Nasa, perteneciente a la comunidad Awá del gran Rosario, asesinado el 19 de agosto del 2018 en el corregimiento de la Guayacana, municipio de Tumaco, en Nariño, a 200 metros de la estación de la Policía Nacional. Sin embargo, ver a aquella criatura a lomo de un caballo no podía dejar de provocar una desagradable desazón. ¿Acaso los dioses se complacen en ver llegar a su paraíso a seres que habían muerto por manos asesinas, al parecer de las disidencias del Frente Oliver Sinisterra, cuando apenas habían comenzado a vivir? No podía, ni quería responder esas preguntas. Y, a medida que intentaba desprenderme de aquellos pensamientos el horror que se apoderaba de mi espíritu crecía hasta convertirse en insoportable. Contemplé y vi mi cuerpo hecho aliento de un ángel moribundo. Holmes Alberto Niscue, puedes devolverme el velo?

Como el río la casa se niega para mí de sus orillas. Y así, Julián de Jesús Areiza Moreno fue asesinado el 23 de septiembre del 2018 en las cercanías del municipio de Briceño, en el departamento de Antioquia, en la vereda Altos de Chirí. Su vida fue cegada por hombres que le dispararon en la cabeza cuando se desplazaba en una motocicleta en compañía de un amigo, que fue herido durante el suceso. El movimiento Ríos Vivos y la defensa de la tierra han quedado huérfanos, ah! esa inmensidad de ríos desbordados, brotando otra vez por unos ojos llenos de llanto. Y el cadáver de Julián de Jesús Areiza que continúa por el mundo sin caber la tierra en sus manos, pues la policía estaba a tan solo diez minutos de la escena del crimen. Dicen que dicen que no atendieron el llamado del río.

Niña del agua. El cuerpo de María Caicedo Muñoz fue encontrado a orillas del río Micay en el municipio de Argelia, departamento del Cauca. Había sido secuestrada una semana antes por desconocidos que se la llevaron, vestía una falda negra y una blusa roja, escotada. Había sido asesinada a disparos, aunque en el rostro se apreciaron las contusiones de numerosos golpes. En sus bolsillos se halló el clamor que no cesa. Basta ya. Un pintalabios con el que pintó su figura sobre el árbol instalándose en las hojas desde el tallo. Vivir, gritaba al vuelo de los pájaros, de nuevo soy octubre del 2018 y el 26 de ese mes fui asesinada y los organismos de seguridad no responden, entonces emprendí el camino de regreso a mi casa sumida en la consternación.

Concluía la noche cuando llegué al Tigre. Corregimiento de Aguas Blancas, municipio de Tumaco, Nariño. Me sentía agotada, aunque mi cansancio espiritual era mayor que el que aquejaba a mis miembros. La cercanía de mi casa, la convicción de que mi hija me atendería, la alegría que me provocaría pensar que muy pronto podría tomar sus manos, besar sus labios y oler su pelo bastaron para imprimir una fuerza extraordinaria a mis pies. Debía encontrarme a un centenar de pasos y aquellos hombres que colgaban de un firmamento con rostros redondos filtraron la luz por las rendijas de mi piel. Azotaron mi cuerpo y se produjo una rasgadura por la que se filtró la sangre en mi cara, aflojando el cepo en torno a mis brazos. Intenté abrir los labios y responderles, pero volvieron a tirarme de los brazos imponiéndome silencio. Esto ocurrió el 24 de enero del 2019. Estos hombres cegaron mi vida, a golpes, y nadie pudo evitarlo por mucho que lo desee.  Mi nombre, Maritza Ramírez Chavarra, a mis 42 años, tiene rostro de mujer.

Resulta difícil describir lo que ha pasado en el país últimamente, la batalla contra la muerte, y los recuerdos unidos en cada noche. No sé si cabe esperar en este mundo la existencia de algún placer duradero.

Sin embargo, a través de estas voces se pretende dignificar y resignificar la trayectoria de cientos de líderes que, pese a muchas adversidades, trabajan con la firme convicción de construir un país más democrático e incluyente. Que la verdad y la justicia se vuelvan primavera. No más líderes sociales asesinados en Colombia.

Duvan Carvajal Restrepo.

Fundación Manos Limpias.

Comments

  • Insignia Humana
    6 abril, 2019

    Excelente, una mirada diferente de esta crueldad en Colombia

  • William Cubides
    6 abril, 2019

    Inadmisible las pérdidas de personas por el solo hecho de pensar diferente!

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