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País de cafres

Durante la alocución del presidente Iván Duque en la ciudad de Pasto, el sábado 18 de mayo, la cuenta twitter del Ministerio de la Defensa publicó: “Los líderes sociales que están siendo asesinados por grupos armados ilegales, son en su mayoría criminales dedicados al narcotráfico, por lo que se requiere enfrentar este fenómeno de manera coordinada con los gobiernos locales”. Dicho mensaje generó rechazo y polémica en las redes sociales que lograron capturar el tweet, en el mismo momento en que se produjo. Al día siguiente, el Ministerio de Defensa ofreció excusas por el trino que fuera enviado por un integrante de su grupo digital el cual interpretó; de manera errada; al presidente.

Y claro, surge la pregunta ¿será cierto que el general del arma de caballería del Ejército Nacional de Colombia, Nicacio de Jesús Martínez Espinel, nacido en Ubaté Cundinamarca, está involucrado en ejecuciones extrajudiciales de civiles?, tal y como lo afirma la organización de Derechos Humanos, Human justifys Watch. En todo caso, qué decir o cómo actuar frente a los errores que comete constantemente este gobierno, me refiero a la Era del presidente Iván Duque, que se caracteriza por los persistentes errores y problemas de redacción de los integrantes anónimos de las cuentas oficiales del gobierno.

Y la duda se ahonda… ¿cómo interpretar al Ministro de Defensa, Guillermo Botero Uribe quien afirmó que el asesinato de líderes sociales en Colombia era un asunto de faldas o, al ex fiscal General de la Nación, Néstor Humberto Martínez, que negaba la sistematicidad en los asesinatos de los líderes sociales? Todas estas declaraciones o acusaciones nos llevan a interrogarnos si los militares han implementado una estrategia para mejorar los resultados, incluso, la de aliarse con grupos criminales armados para obtener información sobre objetivos. Es lamentable que en un país donde los falsos positivos son una certeza, y que pensamos que con la terminación del conflicto armado iban a desaparecer, hoy puedan convertirse nuevamente en una realidad. Lo cierto es que el comandante del Ejército Nacional, junto a otros militares, son actualmente cuestionados por esas prácticas, así lo demuestra la indignación de diferentes sectores de la sociedad civil, de periodistas y de organizaciones de Derechos Humanos que no entienden como un Gobierno, que recibe un proceso de paz en marcha, quiera detener éste a través de las objeciones que le hizo a la JEP.

De la designación de un militar tan cuestionado como lo es el General Nicacio de Jesús Martínez en la jefatura del mismo y de un Ministro de la Defensa que negó, que el excombatiente Dimar Torres Arévalo había sido asesinado por un suboficial del ejército nacional de Colombia, el cabo Daniel Gómez Robledo, el 22 de abril de 2018 en el municipio Convención, en el Norte de Santander. El Ministro adujo que fue un forcejeo, y que por eso el excombatiente recibió tres disparos cuando intentaba quitarle al suboficial el fúsil. Sin embargo, los exámenes de Medicina Legal contradijeron esa versión e identificaron, cuatro disparos en el cuerpo del excombatiente, uno de estos, en el rostro, el que le ocasionó la muerte. Dimar, a sus 39 años fue asesinado por el cabo Daniel Gómez Robledo que lo quiso desaparecer, enterrándolo en una fosa común. ¿Si eso no es entorpecer un proceso de paz, entonces qué es? Según la Unidad Especial de Investigación de la Fiscalía, son 130 los excombatientes que han sido asesinados en Colombia, sin contar 36 episodios en los que han salido afectados los familiares de los reincorporados.

No es presionando a las tropas a tener mejores resultados operacionales, poniendo en riesgo la vida de civiles, que puede terminar en la ejecución extrajudicial de personas, que lograremos construir esa paz que tantos colombianos y colombianas anhelamos.

 

#NoEstánSolos

No más líderes sociales asesinados en Colombia!

 

Duvan Carvajal Restrepo.

Fundación Manos Limpias.

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